La novedad de este bodegón respecto a los modelos
barrocos en los que Van Gogh se inspiró la encontramos en la aportación de elementos modernos como los zuecos, contrastando con objetos tradicionales como la loza o las botellas. Los elementos se ubican sobre una mesa, formando una acentuada diagonal, recortándose ante un fondo neutro que contrasta con la claridad de los objetos a excepción de la botella. Un potente foco de luz procedente de la izquierda ilumina la composición, destacando el abocetamiento de los componentes de la naturaleza muerta, contactando Vincent con el estilo rápido y empastado de
Rembrandt.