Además de las
campesinas con cofia, Vincent también retrató en este invierno de 1884-1885 a algunos hombres, preferentemente jóvenes con los que el pintor se relacionaba. El campesino se presenta en primer plano, fumando una pipa en la que apreciamos el tono rojizo del fuego en su interior. Los inteligentes ojos centran la atención del pintor, resbalando la luz por su rostro para resaltar el gesto, la expresión, el elemento más interesante de un retrato para el propio Vincent. Los fondos neutros recuerdan al
Barroco pero la pincelada suelta, casi a base de manchas, sin apenas utilizar dibujos preparatorios, serán notas características de su manera de pintar, sin dejar de lado a la
Escuela de La Haya que tanto influiría en estos años iniciales.