A lo largo de su vida Van Gogh demostrará sobradamente su facilidad para captar la personalidad de sus modelos, convirtiéndose en un excelente retratista. Esta faceta se iniciará en Nuenen, ejecutando una serie de 50 retratos de la que esta campesina forma parte. Su rostro es el centro de atención para Vincent y los espectadores que contemplan la obra, destacando del fondo oscuro y de los vestidos del mismo color. La cofia blanca otorga una mayor diversidad al conjunto, resaltando los rasgos del personaje gracias al empleo de una luz fuerte y dorada, inspirada en la
pintura barroca. La factura rápida y suelta caracteriza toda la serie.