Van Gogh considerará la luz nocturna fundamental para la pintura. Admirador de
Rembrandt, las iluminaciones de la noche habían pasado al
Barroco Holandés a través de la
escuela veneciana donde
Tiziano y
Tintoretto las habían popularizado. Vincent continuará con esta tendencia y la perfeccionará, añadiendo luces artificiales tomadas gracias al contacto con
Degas. En este paisaje podemos encontrar esa admiración ya en sus obras más tempranas al mostrarnos una de las típicas cabañas de Nuenen al anochecer, con una luz tenue que apenas resalta las tonalidades empleadas. El vestido azulado de la mujer contrasta con la oscuridad que la rodea, en un alarde cromático que parece anticipar su próxima etapa en París, contactando con los
impresionistas.