Entre las numerosas imágenes de casas de campo en lo alrededores de Nuenen elaboradas por Van Gogh en el verano de 1885 conviene destacar ésta que observamos, quizá la más
impresionista de toda la serie. Las pequeñas cabañas están plenamente iluminadas por una luz estival, recortando sus siluetas sobre el cielo encapotado donde aparecen tonalidades malvas por efecto de la luz. El amplio espacio ocupado por el cielo - dos terceras partes del lienzo - es una reminiscencia
barroca tomada de la
Escuela de La Haya. El color es aplicado con trazos vertiginosos, aclarándose su paleta con respecto a las obras ejecutadas por Vincent en el invierno como los retratos de
campesinas.