Inspirándose en la pintura del
Barroco conocida indirectamente a través de la
Escuela de La Haya, Van Gogh aportará importantes novedades a estos bodegones en los que trabajará durante el mes de septiembre de 1885. Una de ellas será el empleo de objetos cotidianos como el sombrero o la pipa mientras que la pincelada aplicada es más rápida, sin tanta minuciosidad como era costumbre. De esta manera enlaza con el estilo de
Rembrandt por el que sentía especial devoción. Los objetos se ubican sobre una mesa en diagonal, recibiendo un fuerte foco de luz procedente de la izquierda para crear un atractivo contraste de claroscuro. Los colores claros dominan la composición, contrastando con las tonalidades oscuras del fondo. La perspectiva alzada empleada también supondrá una novedad respecto a la tradición.