A finales de noviembre de 1885 Vincent abandona Nuenen para instalarse en Amberes. Alquila una habitación encima de una tienda de pinturas, quedándose hasta febrero del año siguiente. En la ciudad flamenca visitará diferentes museos y admirará las obras de
Rubens, lo que provocará un aclaramiento de su paleta. Pasea por el puerto donde adquiere numerosas
estampas japonesas con las que adorna su habitación y que le motivarán un importante cambio en su manera de trabajar. En uno de sus paseos realizó esta vista del muelle de Amberes a la caída de la tarde, su hora favorita ya que las tonalidades del sol resultan más atractivas como contemplamos en el cielo. El color rosa, el verde y el rojo sirven para aclarar las oscuras siluetas de los barcos anclados en el puerto o las dos mujeres que caminan deprisa por el dique. La factura rápida y precisa empleada resulta tremendamente atractiva, situándose en un estilo cercano al
Impresionismo.