La vinculación de Vincent a la pintura holandesa se pone de manifiesto en esta composición donde encontramos indudables referencias al
Barroco. Los objetos se ubican sobre una mesa cubierta con un mantel blanco que se convierte en dorado por efecto de la luz. La botella y los vasos con el oscuro vino se recortan sobre el fondo oscuro en un afán de dotar de mayor volumetría a los elementos mientras que el plato con el queso y el pan se proyectan hacia el exterior, especialmente el cuchillo. La fuerte iluminación empleada crea un acentuado contraste de claroscuro y dota de un mayor verismo a la composición. Quizá el conocimiento de
Chardin e incluso de las naturalezas muertas de
Manet llevaron a Vincent a tomar modelos antiguos para contrastar con el estilo francés.