Aunque en la primavera de 1886 Van Gogh asista a las clases de Ferdinand Cormon, preferirá la ejecución de diferentes paisajes y vistas de los alrededores de Montmartre para expresarse en toda su plenitud. En esta escena parece mezclar elementos de su periodo de
Nuenen - las tonalidades oscuras, el interés hacia las luces nocturnas o incluso las cofias de las mujeres - con aspectos típicamente
impresionistas como la sensación atmosférica obtenida o el aspecto abocetado. El color aun parece resistirse a entrar en las composiciones, penetrando ligeramente en algunas zonas como el cielo o el manto de la mujer de primer plano.