Tras abandonar Nuenen en el otoño de 1885, Van Gogh inicia un proceso de aclaramiento en su paleta primero gracias al conocimiento de la obra de
Rubens en Amberes y más tarde al contacto con los maestros
impresionistas. Este avance respecto al color se puede apreciar claramente comparando incluso las
naturalezas muertas ejecutadas en el periodo de Nuenen y las que realiza en París como este magnífico jarrón donde el color ojo de las amapolas se adueña de la composición, jugando con su complementario, el verde, siguiendo las teorías aprendidas de
Delacroix. La relación con algunas obras de
Manet elaboradas en los años iniciales de la década de 1880 es también significativa.