Pocos artistas se han autorretratado en tantas ocasiones como Vincent, siendo un excepcional muestra para apreciar su estado de ánimo durante su vida. En la primavera de 1886 Van Gogh se nos presenta ante un fondo oscuro, fumando en pipa y dirigiendo su mirada cauta al espectador, como si desconfiara de todo el mundo que le rodea. No debemos olvidar que el joven artista holandés ha llegado a la gran ciudad y aun desconfía de sus habitantes y de lo que puede encontrar en París. Esa mirada clavándose en nuestros ojos será una importante seña de identidad de los retratos del maestro. Los colores oscuros aun dominan la composición, enlazando con el periodo de
Nuenen e indirectamente con las pinturas de
Rembrandt y
Frans Hals que contempló en Amsterdam y París.