Las frecuentes visitas a Asnières en compañía de
Bernard serán para Vincent un motivo de inspiración fundamental durante el verano de 1887. Los
puentes sobre el Sena, los
parques o los restaurantes del pequeño pueblo al norte de París servirán al artista como modelos para sus lienzos, resultando obras de gran delicadeza como ésta que contemplamos. La fachada amarilla del restaurante llamaría poderosamente la atención a Vincent al ser su color favorito, empleando el verde para las persianas, puertas y jardineras. Las líneas son trazadas con una tonalidad oscura, dominando el color sobre el dibujo. Una vez más las pinceladas organizan los distintos elementos de la composición, mostrando pequeños toques de color para crear los arbustos y largas pinceladas para la pared. La luz típica del verano que ha captado Van Gogh enlaza con el
Impresionismo mientras que el estilo se encamina al
Puntillismo, mostrándose como un artista de personalidad libre al crear un estilo propio, con notas de movimientos de su tiempo.