En este autorretrato realizado en el verano de 1887 encontramos una mayor atención de Vincent al color, inundando las tonalidades amarillas todo el espacio, contrastando con algunos toques de violeta con los que crea el contraste complementario inspirado en la teoría de los colores de
Delacroix. Sus duras facciones servirán a Vincent para experimentar con el color, mostrando su carácter como es costumbre en el artista.