Vincent no soporta la vida en París. Desea marcharse al sur, a Arles, donde pretende crear su "Japón del sur". En su mente no deja de plantear esa huida por lo que los
autorretratos ejecutados en este invierno de 1887-1888 siempre se presenta con un gesto de preocupación pero con serenidad. Las pequeñas pinceladas rodean su cabeza - la relación con
Seurat refuerza el
Puntillismo en estas obras invernales - e incluso se insertan en el rostro, organizando la composición como si de un puzle se tratara.