La atracción hacia la
estampa japonesa provocó que Van Gogh describiera esta muchacha como "una chica japonesa de 12 ó 14 años a lo provenzal". La figura de la joven - uno de los escasos retratos elaborados por Vincent en Arles - se recorta sobre un fondo azulado, similar al empleado en el retrato del
Cartero Roulin o el
Autorretrato dedicado a Gauguin, sentada en una gran silla que la hace más pequeña aun. Vincent emplea una pincelada suelta, vigorosa y rápida, sin preocuparse en los detalles como apreciamos en las flores o en las manos que apenas están esbozadas, o el rostro cuya mirada sí ha sabido captar a la perfección, mostrándonos su carácter y su expresión. El vestido, pintado en tonos azules y rojos en perfecta armonía con el fondo para remarcar el aspecto decorativo, tampoco está detallado, otorgando una deliciosa sensación de inacabado al conjunto.