Esperando la llegada de
Gauguin, en los primeros días de octubre Vincent se dedicará a realizar una serie de lienzos protagonizados por la luz de atardecer, interesándose por los diferentes puentes que atravesaban el Ródano como ya había hecho en
Asnières. La modernidad del puente de Trinquetaille construido en hierro y cristal siguiendo las pautas de la nueva arquitectura de fines del siglo XIX es el principal centro de atención, plagado de figurillas que lo cruzan o suben las escaleras. La imagen está tomada en un momento determinado del día, siguiendo las teorías
impresionistas que había aprendido en París, captando una sensación atmosférica otoñal gracias a las nubes o el ambiente grisáceo. La pincelada rápida y empastada comparte escenario con las líneas acentuadas de los contornos, siguiendo el cloisonismo de su buen amigo
Bernard. La sensación de profundidad obtenida en la zona de la derecha contrasta con las escaleras que cierran el espacio en la izquierda, equilibrando el punto de fuga con el espacio entre los dos muros que permite la contemplación del horizonte. La atracción por las luces artificiales también se encuentra presente, enlazando con las obras del mes anterior la
Terraza del café o
Café nocturno.