La familia Roulin había acogido con ternura a Vincent desde el verano de 1888, siendo los escasos contertulios con los que Van Gogh se relacionaba en Arles. El nacimiento de un nuevo hijo llamado
Marcele será la excusa que motivó la ejecución de una amplia serie de retratos de toda la familia, completando el ejecutado del padre en agosto. Augustine nos presenta a su bebé ataviado con un blanco vestido y gorro, destacando los orondos mofletes. Ella se sienta en un sillón, destacando su amplitud corporal, especialmente en el pecho aludiendo a la alimentación del pequeño. Las dos figuras se recortan sobre un fondo amarillo plano - recordando a las
estampas japonesas e incluso a la pintura gótica - relacionándose con el retrato de la
Arlesiana. La factura deshecha domina el conjunto, acentuándose los contornos al seguir la técnica del cloisoné impuesta por
Bernard y
Gauguin consistente en marcar las líneas con un trazo oscuro siguiendo los camafeos y las vidrieras medievales.