La amistad entre
Emile Bernard y Van Gogh fue muy intensa durante el tiempo que Vincent vivió en París, manteniendo contactos por carta cuando el holandés se trasladó a Arles. Evocando esta profunda amistad, Van Gogh realiza esta copia de una de las obras más famosas de Bernard, compañero de
Gauguin en Pont-Aven, e interesado también en representar a las mujeres bretonas. El sintetismo y el simbolismo de Bernard se aprecian claramente mientras que el colorido vivo ha sido sustituido por tonos más apagados, quizá por la técnica de acuarela empleada.