El duro trabajo del campesino protagoniza este lienzo en el que Van Gogh retoma su atracción hacia las obras de
Millet, siguiendo fielmente las estampas del maestro
realista que guardaba. La novedad la encontramos en la coloración empleada, utilizando los tonos que son sus favoritos: azul y amarillo, reinterpretando en su estilo una figura clásica obteniendo un excelente resultado.