Ante la ausencia casi total de inspiración en el mes de septiembre de 1889, Van Gogh recurrió a su vieja colección de estampas como modelos de sus cuadros, recuperando el interés hacia las pinturas de
Millet, el gran maestro del
Realismo. La dura labor de los campesinos será la protagonista de estos trabajos enlazando con las obras que elaboró en
Nuenen, incluyendo un color más vivo y un empastamiento mayor, uniendo dos estilos diferentes en una obra maestra.