La vida cotidiana del mundo rural será la temática favorita de
Millet, recuperada por Van Gogh en el otoño de 1889 ante la falta de inspiración. Un hombre y una mujer realizan sus últimas labores al calor de la chimenea y a la luz de una lámpara de petróleo, interesándose Vincent por las luces artificiales de la misma manera que en
Café nocturno. Las sombras coloreadas de los
impresionistas se encuentran presentes, destacando la aplicación del color a base de pequeños y variados toques de pincel que organizan la composición a modo de puzle. Las siluetas están remarcadas con una potente línea oscura relacionándose con el
simbolismo de
Gauguin y
Bernard. El propio Vincent considera a estos trabajos "traducciones" no simples copias.