Desde que
Bernard y Van Gogh se conocieron en París mantuvieron un intenso contacto epistolar, contándose los progresos de cada uno. Esa estrecha relación influyó para que Vincent elaborara esta obra donde observamos cierto aspecto
simbolista, especialmente por el color dorado de los sombreros de las jóvenes ante el inmenso campo. Al fondo contemplamos una hacienda junto a unos árboles, resultando todo el paisaje de los rápidos toques de color aplicados en el lienzo. Las líneas onduladas protagonizan una escena en la que apreciamos el color de la preparación, obteniendo una de las obras más curiosas de su etapa final.