La ciudad de Londres está viviendo durante el siglo XIX la crucial Revolución Industrial lo que provoca la instalación de fábricas por doquier. El ambiente se va haciendo cada vez más irrespirable hasta desembocar en el famoso "smog" londinense. Turner, como cronista de su tiempo, se preocupará por estas cuestiones y lo reflejará en algunos de sus trabajos. El
romanticismo va dando paso al
realismo.
El momento elegido por el maestro londinense hace que la atmósfera se convierta en la principal protagonista de la composición, una atmósfera que diluye los contornos y hace que las manchas se conviertan en las dueñas del conjunto. El colorido empleado es muy particular ya que a los tonos oscuros contrapone un color claro, blanquecino, que sirve para iluminar la imagen.