Este tipo de paisajes son característicos del
Romanticismo. Turner los realizó bajo la influencia de
Claudio de Lorena -pintor
barroco francés que trabajó en Italia y cuyos trabajos el maestro londinense pudo contemplar durante sus estancias en el país transalpino- y
Poussin. La preocupación por la atmósfera sigue presente en estos trabajos, al tiempo que observamos una amplia perspectiva, unos enormes árboles y las típicas figurillas que animan la composición, elementos todos ellos habituales en la pintura de paisaje
romántica. La luz dorada del atardecer lo ilumina todo, existiendo un interesante contraste con los primeros trabajos del maestro londinense como
Un aguacero en el lago de Buttermere. Este estilo más claro y luminista estará presente hasta el final de su producción.