Los progresos de El Greco en Roma son visibles en este lienzo que contemplamos, en el que se aprecia una marcada influencia de
Miguel Ángel en la figura de Cristo y en los discípulos que portan el cadáver. La escena tiene lugar ante una gruta, las figuras se recortan sobre la oscuridad del fondo y las escarpadas rocas, situando a un personaje de espaldas para introducir al espectador en la escena, recurso muy habitual en el
Manierismo. Los sentimientos de tristeza y aflicción de las santas mujeres son transmitidos de manera excepcional, demostrando Doménikos su capacidad como retratista. La escena, presentada al aire libre, se cierra con un fondo de nubes y cielo, jugando con las tonalidades sienas y azules. Las figuras, amplias y largas, presentan un canon atípico que se inspira en la
Escuela bizantina mientras que la luz y el color proceden de
Venecia, teniendo a
Tiziano y
Tintoretto como principales maestros.