Los efectos atmosféricos están siempre presentes en la obra de Turner. Pero en esta década de 1830 se hacen dueños de la composición para dejar a los demás elementos totalmente al margen como bien podemos observar en esta escena. El sol entre las nubes es la estrella, así como el reflejo de su luz en el agua del mar. La bruma que envuelve la imagen hace que el barquito de la izquierda casi pase desaparecido para el espectador. Los contrastes entre los tonos oscuros del mar y el cielo tan luminoso y claro hacen pensar a algunos expertos la posibilidad de que esta oscuridad sirva para cubrir una obra anterior en la que aparecería la ciudad de
Venecia. La pincelada que utiliza el maestro londinense es cada vez más suelta y empastada acercándose al
impresionismo.