El monasterio de El Escorial está dedicado a San Lorenzo al celebrarse su festividad el día de la victoria de San Quintín - 10 de agosto de 1557 - sobre las tropas francesas de Enrique II. Ésta es la razón por la que su martirio se emplaza en el lugar privilegiado del altar mayor de la basílica. La tradición cuenta que fue brutalmente asado en una parrilla, diciendo mientras le estaban torturando "ya estoy bastante asado por este lado, puedes darme la vuelta". Por ello, Tibaldi emplaza al santo en el centro de la tela, ocupando una parrilla, y a los verdugos en el gesto de voltearle, destacando el rostro de resignación del mártir. Las figuras empleadas por Tibaldi son deudoras de
Miguel Ángel en el canon escultórico y majestuoso mientras que la utilización de numerosos escorzos le relacionan con el
Manierismo. También debemos añadir un importante contacto con la
Escuela veneciana en los juegos de luz y color típicos de allí, en especial la iluminación procedente de las brasas, que recuerda la admiración hacia las luces artificiales de
Tintoretto o
Bassano. Cuando Tibaldi finalizó la tarea, regresó a Italia convertido en un hombre rico. Felipe II siempre se caracterizó por pagar bien a sus pintores y quizá sea éste el mejor ejemplo.