Durante el viaje que Turner realiza por Europa en 1840 va a visitar por tercera vez la ciudad de Venecia, recogidas sus vistas por tantos artistas y catalogada como una de las más románticas del mundo. Quizá por eso Turner, espíritu
romántico por excelencia, sintiera tanta atracción por la Ciudad de los Canales. De ella realiza múltiples dibujos, bocetos y acuarelas y varias obras en lienzo como
Venecia o
El gran canal, donde el recuerdo a las obras de
Canaletto es casi obligado.
De Venecia le atraía su luz fuerte y clara, mediterránea, que suele diluir las siluetas de las arquitecturas y obtener unos preciosos reflejos como aquí podemos observar. A eso debemos añadir sus brumas ya que el maestro londinense es el pintor de las atmósferas, sin olvidarse de la belleza de sus embarcaciones, otorgando vida y movimiento a la composición. En suma, Turner se vería identificado con Venecia de tal manera que está muy presente en sus imágenes y fantasía.