La muerte del pintor
David Wilkie a su regreso de Oriente Medio en 1841 supuso para Turner una fuerte impresión por lo que realizó esta obra como homenaje. En ella podemos contemplar varios barcos que están realizando unas exequias en el mar, iluminado este momento por un potente foco de luz. El resto de la imagen queda en penumbra, a excepción de algunas zonas del mar donde se refleja la luna y la silueta también iluminada del puerto. Los efectos atmosféricos envuelven la escena con lo que se consigue inspirar la tristeza del momento.
El interés del maestro británico por representar escenas nocturnas ya había aparecido en Turner hacía mucho tiempo, como bien se puede observar en
Claro de luna o
Transportistas de carbón, por ejemplo. La mezcla de las nubes con el humo hacen preludiar
Lluvia, vapor y velocidad.