Adquirido por Fernando VII para el
Prado tras haberlo inaugurado en 1819, Francisco Bayeu nos muestra las características de su estilo personal. Dedicado mayoritariamente a la pintura de gran formato, especialmente pensada para decorar las enormes salas de los palacios reales españoles, solía trabajar al fresco, en la modalidad de
fresco secco. Esto hace que, aunque en esta ocasión se trate de un
óleo, mantenga los determinantes de aquella técnica. Pensados para adornar paredes o techos a gran altura, los frescos suelen recurrir a perspectivas muy forzadas vistas desde abajo, y en esta Batalla con los Gigantes, el pintor abusa de los escorzos. Además, el hecho de emplear "fresco secco" fuerza una tonalidad más suave, tendente al pastel, que es exactamente la misma que emplea Bayeu en esta escena. Por último, puesto que los frescos habían de ser vistos con nitidez desde el suelo, los rostros suelen tener poco detalle, y unos grandes ojos, negros por completo, para acentuar la expresión. Este truco lo encontramos también en el lienzo que nos ocupa.