Desconocemos cuál es el oculto significado de este irónico cuadro pintado por Toulouse-Lautrec en 1891, eligiendo como modelos a su buen amigo Maurice Guibert y a una mujer de Montmartre, posiblemente su amante Mariette Berthau. La imagen está inspirada en una fotografía tomada por
Paul Sescau, existiendo una significativa similitud entre ambas obras. Guibert era uno de los compañeros de juerga de Lautrec; representante del "champagne Moët et Chandon", era pintor aficionado, siendo calificado por un periódico como "el hombre que mejor conoce a las prostitutas en toda la capital". Era un hombre jovial y amable que siempre fue representado de manera caricaturesca por su amigo.Los especialistas consideran varias hipótesis sobre el tema a tratar. Debido al nombre del café traducible por "la miga" se piensa que se trataría de los restos que quedan después de una prolongada relación a tenor de la escasa comunicación entre ambos personajes. También se plantea la posibilidad de sugerir el tedio provocado los días de fiesta, llegándose a interpretar como una lucha de sexos similar a la existente en
El ajenjo de
Degas. Las dos figuras se presentan ante una mesa, después del almuerzo, sin ningún contacto entre ambas, dirigiendo Guibert su divertida mirada al espectador. Sobre la mesa quedan dos vasos de vino, la botella y un plato vacío con un cuchillo encima. Al fondo observamos la pared del local, trabajada con una pincelada rápida y diminuta, recordando al
puntillismo e incluso a las primeras obras realizadas en París por
Van Gogh. El color domina la composición, enlazando con el
Impresionismo al proyectar sombras coloreadas en la camisa de la mujer, al igual que hacía
Pissarro. No debemos dejar de lado la importancia de las líneas que organizan el espacio, así como resaltar la capacidad de Lautrec para captar los caracteres de sus personajes: la melancolía de la mujer y el abandono del hombre.