Caravaggio es el gran maestro del
Naturalismo tenebrista. Su forma de trabajar va a romper con la tradición
manierista anterior e influirá en un buen número de pintores, desde
Rembrandt hasta
Ribera, pasando por
Velázquez y
Zurbarán. Su estilo caracteriza buena parte de las obras que se realizan en el
Barroco, enfrentándose con la Escuela clasicista liderada por
Annibale Carracci. Las figuras de Caravaggio son siempre monumentales, realizadas con el mayor realismo posible, como si fuesen auténticos personajes de las calles italianas. Estas figuras emergen de un fondo neutro muy oscuro gracias a unos potentes focos lumínicos que crean fuertes contrastes de luces y sombras, el conocido claroscuro tenebrista. Ese juego de luces otorga mayor dramatismo a los asuntos y acerca la temática religiosa al espectador, para lo que emplea personajes totalmente anti-heroicos con las uñas de los pies manchadas de sangre y barro. Incluso los gestos parecen en ocasiones inspirados en el teatro: David está representado como un joven que ata la cabeza del gigante Goliat, al que había matado con su honda. Los colores oscuros empleados son característica primordial del naturalismo, aplicados con una pincelada minuciosa y totalmente detallista. También es destacable la sensación de agobio espacial que aprieta figuras descomunales en un marco pequeño.