Las primeras obras de Fortuny están absolutamente relacionadas con el estilo
nazareno de sus maestros Lorenzale y Milà i Fontanals como se aprecia en esta composición religiosa inspirada en el mundo
renacentista protagonizada por san Pablo, ocupando el centro de la escena al ser el protagonista. Un amplio número de figuras se sitúa a su alrededor, observándose diversas posturas para demostrar el joven artista su dominio de la anatomía humana, de la misma manera que se resalta la perspectiva al ubicar unas ruinas clásicas al fondo. El dibujo es correcto y la concepción general acertada aunque peca de academicismo, especialmente si la comparamos con obras posteriores como
La vicaría.