Muy similar al retrato de
Flora Esteve i Nadal, en ambas imágenes Fortuny se presenta como un retratista
romántico envolviendo en un halo de idealización a la figura, al igual que hacían
Federico de Madrazo o
Antonio Esquivel. El rostro ovalado y el peinado en casquete son elementos habituales en el retrato femenino de estos años - véase a la
Condesa de Vilches - olvidándose de la personalidad de la modelo para interesarse más por los detalles como en este caso la tersura de la piel o la esbozada puntilla del cuello. La luz ocupa un papel determinante en la escena al impactar en la zona derecha del rostro y dejar en semipenumbra la zona contraria. Su compañero, el
Retrato masculino, es mucho más naturalista.