Durante los años de aprendizaje en Roma, Fortuny no se limitará a realizar
figuras populares,
paisajes o
escenas árabes sino que también se interesa por la iluminación característica del Mediterráneo en diferentes patios como observamos en
Patio de una casa de labranza o en este Corral de toros que contemplamos, protagonizadas ambas composiciones por los intensos contrastes entre luces y sombras. En esta escena parece que el pintor catalán se deja seducir por una pincelada más rápida y empastada aunque no renuncia a los detalles como observamos en la celosía o las puertas. Con estos trabajos, Fortuny enlaza con las obras de la
Escuela de Barbizon y el
Impresionismo, poniendo de manifiesto la grandeza de este artista casi desconocido.