Los especialistas consideran que éste podría ser el retrato que Fortuny realizó al portero del
Museo del Prado, don José Mieres Iglesias, siguiendo muy de cerca la obra de
Goya. No en balde el pintor ha buscado centrarse en el gesto del modelo, cuya mirada se dirige al espectador. El eclesiástico aparece sentado en una mecedora, cubriéndose con una capa rosácea y vistiendo a la moda dieciochesca. El fondo rojo sobre el que se recorta la figura es absolutamente plano, mostrando cierta influencia de la
estampa japonesa al igual que harán los
impresionistas. Los rápidos toques de color que organizan la composición también son un recuerdo goyesco, quizá el pintor que más admiró Fortuny.