El escultor y conde Prosper D´Epinay trabajó durante el invierno de 1868-1869 en el estudio romano de Fortuny posando en esta tabla vestido de goyesco lo que indica la admiración del pintor catalán hacia el
maestro de Fuendetodos, especialmente en cuanto a los retratos se refiere. Es una obra muy esbozada, sin interesarse por el dibujo ni los detalles, contrastando con los trabajos oficiales como
La vicaría o el
Vendedor de tapices. Los fluidos trazos de color organizan la composición donde destaca el rostro del modelo, intentando captar su carácter, su alma. Las tonalidades están aplicadas con soltura y fluidez, estableciendo una gama cromática armónica de colores pardos, indicando su admiración por la pintura española del
Barroco.