Durante los años de estancia en Granada, Fortuny buscó numerosos modelos en el Albaicín, antiguo barrio árabe frente a la Alhambra, realizando rápidos apuntes de las personas que llamaban su atención. Así surgen algunas obras como el
Busto de hombre o esta anciana de raza gitana, vestida con sus características ropas. Pero la gran preocupación del artista no está en la figura sino en la luz, una luz potente, característica de Andalucía, que provoca unas sombras coloreadas, enlazando así con la filosofía
impresionista. El exquisito dibujo que Fortuny exhibe en algunas zonas de la anciana deja paso a una pincelada fluida y empastada que no repara en detalles anecdóticos para interesarse por el ambiente lumínico y espiritual.