En octubre de 1871 Fortuny viajará una vez más a África, ahora en compañía de su buen amigo
José Tapiró y del también pintor Bernardo Ferrándiz. Desde Gibraltar llegaron a Ceuta, pasando por Tánger y Tetuán donde contemplaron los escenarios de las recientes batallas de
Wad-Ras, Castillejos y Tetuán, siendo para el pintor catalán cita obligada ya que aun no había concluido su
lienzo bélico. Sin embargo, Fortuny sentirá de nuevo un profundo entusiasmo por presentar la luz marroquí, esos potentes rayos de sol que casi borran los contornos espaciales, como aquí ocurre en los arcos de herradura, creándose intensos contrastes de claroscuro. El dibujo que caracteriza al maestro está presente pero ha dejado en un segundo plano el preciosismo y la minuciosidad para interesarse por el luminismo y las atmósferas, enlazando así con la filosofía
impresionista.