Durante el verano pasado por Fortuny en Portici todos los lugares se convertirán en motivo de inspiración, desde la
playa a la puerta de la carnicería, demostrándose así el significativo cambio experimentado por el artista en los últimos momentos quizá por las críticas recibidas en París, donde se le tachó de frívolo y de estancamiento. La delicadeza y el preciosismo de otros trabajos - el
Tribunal de la Alhambra o el
Jefe árabe, por ejemplo - dan paso a una pincelada empastada, sin atender a detalles, interesado el pintor en captar las luces y las atmósferas del Mediterráneo para enlazar con los "macchiaioli" y anticipar los trabajos de
Sorolla.