En este cuadro como en el resto de su obra, Boudin se centra sobre todo en los matices de la atmósfera y las nubes. Las figuras las sitúa a los lejos, en un segundo plano, con lo que suelen ser figuras pequeñas y sin importancia para el espectador.
la importancia del cielo en Boudin se puede comparar a la pintura de paisaje del
Barroco holandés del siglo XVII.