El rey Felipe II envió desde uno de sus viajes este lienzo al monasterio de El Escorial, pensando que se trataba de un
Tiziano. El error en la atribución es fácilmente comprensible, puesto que Lotto trabajó durante su última etapa un estilo muy similar al del maestro veneciano, en especial durante los años en que realizó éste y otros dos San Jerónimos más. La ejecución del tema está inmersa dentro del espíritu penitencial que anticipa la Reforma Católica. El autor se hallaba en plena crisis espiritual, lo cual dotó al lienzo de una fuerza devocional completamente sincera, que debió de ser otro factor que atrajo al monarca español, muy implicado en las controversias teológicas de la Reforma. El colorido es muy oscuro, con una paleta "quemada", rojiza, dependiente todavía del esplendor del
venecianismo, pero contenida en la gama cromática que se centra en el empleo del color como única base de la forma. Es el mismo estilo que Tiziano empleó para su
Oración en el Huerto.