La Revolución Francesa motivó a las ciudades para que abrieran sus propios museos de Bellas Artes, que habrían de nutrirse con las colecciones expropiadas a conventos, iglesias y nobles, así como con los botines de las tropas napoleónicas durante las campañas europeas. Éste fue el caso del Museo de Pintura y Escultura de Grenoble. El fundador de la colección se llamaba L. J. Jay, quien donó una selección de 47 obras. Otros donantes fueron el general De Bayle, que aportó su colección de pintura española, y Agutte-Sembat, que en 1923 donó su colección de pintura contemporánea. Entre los depósitos destaca la riquísima sala de arte egipcio, que tiene la mejor colección de sarcófagos policromados y momias de Francia. Justo tras esta sala se encuentran las salas de artistas contemporáneos, muchos de ellos jóvenes franceses que realizan muestras temporales. Entre las pinturas clásicas hay obras maestras: bodegones de
Osias Beert, pinturas religiosas de
Perugino,
Tintoretto y la magnífica colección del
Barroco, con pinturas de
Rubens,
Jordaens,
Domenichino,
Carracci, etc. La joya del museo la compone un grupo de cuatro grandes lienzos del extremeño
Zurbarán, como son la Anunciación, Natividad, Adoración y Epifanía. Respecto a la pintura francesa, el museo cuenta con la representación de
Georges de la Tour,
Vouet,
Claudio de Lorena,
Matisse o Signac.