Siciliano de nacimiento, Antonello da Messina fue un caso atípico: era frecuente durante el siglo XV que los
artistas flamencos adoptaran las novedades de los
renacentistas italianos; lo que no era tan usual es que un pintor del
Quattrocento adoptara las novedades flamencas. Esto es lo que Messina hizo, realizando una perfecta síntesis entre lo nórdico y lo mediterráneo, de tal manera que causó hondo impacto en otros pintores del sur italiano, y también de
Venecia, puesto que viajó al taller de
Bellini en aquella ciudad. Resulta sorprendente la adaptación que Messina hizo de las teorías empíricas del espacio, propias de los flamencos, disponiendo de las mediciones matemáticas de los quattrocentistas.
Vasari consideraba que había sido discípulo de
Van Eyck y que de ahí le venía la influencia; sin embargo, parece que Messina no viajó por Flandes o los Países Bajos. El secreto de su éxito en Venecia estribó en varios factores. Uno de ellos fue que enseñó en el taller de Bellini el dominio del
óleo que aunque era conocido se manejaba torpemente. Por otro lado, impactaron mucho sus retratos de tres cuartos al estilo flamenco, pero con un aire italianizante y moderno diferente a los retratos de
Memling que se importaban en aquellos años desde Brujas. Su obra más importante, el Cristo muerto sostenido por los ángeles, se encuentra hoy día en las salas del
Museo del Prado de Madrid.