Gran conocedor de arte, fue uno de los primeros en comprender y valorar la pintura de
Van Gogh y de
Cézanne a quien dedicó un volumen de recuerdos en 1912. En oposición a los impresionistas se sumó al
Simbolismo, llegando a ser la conciencia crítica del movimiento y pintó al lado de
Gauguin en Pont-Aven con una estilización de colores simbólicos consistente en extender pequeñas o grandes zonas de color delimitadas por contornos oscuros, como en su obra La Piedad (1890) de la Colección C. Altarriba. Después del año 1905 abandonó su experiencia simbolista y realizó una pintura académica y ecléctica con pretensiones neorrenacentistas.