Este artista napolitano trabajó durante el primer tercio del siglo XVII, es decir en pleno apogeo del
Barroco Italiano. Este estilo se dividía en dos grandes corrientes, una de las cuales era el
Naturalismo Tenebrista de
Caravaggio. Il Batistello, apodo por el cual se conocía a este pintor, fue un destacado discípulo de Caravaggio, y se mantuvo dentro del tenebrismo durante toda su evolución pictórica, sin caer en el
idealismo que cultivaron otros antiguos caravaggistas, como
Guido Reni. La calidad de su pintura, siempre orientada hacia un tenebrismo sin concesiones, hizo de Nápoles el foco caravaggista más importante, después de Roma, que era al fin y al cabo la cuna de este estilo y el lugar donde trabajaban los mejores caravaggistas: el propio Caravaggio, los
Gentileschi, etc. Sin embargo, Battistello no supo sustraerse a otras influencias, según avanzaba el tiempo y el tenebrismo quedaba superado. Así, trabajó excelentemente al
fresco, un material que apenas era tratado por los integrantes del Naturalismo. Al final de su carrera, matizó sus dramáticas composiciones, acentuadas por los contrastes entre luces y sombras, haciendo patente la influencia del Idealismo clasicista de los
Carracci.