El nombre italiano de este pintor era Carducci, pero desde muy joven se trasladó, junto a su hermano
Vincenzo, a la Corte española, donde castellanizó su apellido por Carducho. Vincenzo, de nueve años, se convertiría en pintor como Bartolomé, con quien colaboró a lo largo de su vida. Bartolomé se especializó en pintura religiosa, para abastecer la ingente demanda creada por Felipe II para decorar su palacio-monasterio de El Escorial. Llegó a este palacio como ayudante de
Federico Zuccaro, otro italiano encargado de la decoración al
fresco de sus paredes. Felipe II gustaba mucho de la pintura italiana, por lo que una gran cantidad de pintores de esta nacionalidad se trasladaron a España, donde no sufrían la feroz competencia del mercado italiano, absolutamente saturado de artistas nacionales y extranjeros. Carducho practicó un
Manierismo monumental, en la estela de
Miguel Ángel, estilo que triunfó en la Corte española durante varias décadas.