Primo de
Annibale y Agostino Carracci, la obra de este artista italiano difícilmente puede separarse de la de aquellos en sus primeras etapas, puesto que el trío trabajó conjuntamente en encargos como la decoración al fresco del Palazzo Fava de Bolonia. Los tres, igualmente, abrieron en 1580 la Accademia degli Incamminati, con la cual pretendían depurar el
Barroco Italiano del sentimentalismo y la oscuridad del
Naturalismo Tenebrista.
Cuando sus primos marchan a Roma, Ludovico continuó al frente de la Accademia, siendo maestro de
Domenichino y
Guido Reni.
Se dedicó casi en su mayor parte a pintura de retablos y de escenas religiosas. Era de los tres Carracci el más alejado del dibujismo frío que postulaban con su
Idealismo. Su obra es por lo tanto, más irregular y desde luego, más personal. Sus modelos de pintores no eran
Rafael o
Miguel Angel, como sus primos, sino que prefería la obra más cálida y apasionada de los
venecianos, en especial la del
Tintoretto y el
Bassano.