Activo en Amberes, este artista se distinguió dentro de la
pintura flamenca por su gran capacidad para el paisaje, que normalmente se consideraba secundario. Así, pintores de segunda fila se especializaban en realizar paisajes para rellenar las composiciones de los maestros. Sin embargo, Patinir llevó tan lejos su arte que construyó composiciones basadas exclusivamente en la fuerza del paisaje, dotándolo de un protagonismo inédito hasta el momento. Sus visiones son grandiosas, artificiales, vistas desde un imaginario punto de elevación y reconstruidas mentalmente, no sobre apuntes del natural. Pudo ser discípulo de
Gérard David, trabajó con Quentin Metsys realizando fondos para él, y fue amigo de
Alberto Durero. Sólo se consideran tres obras como indudablemente de su mano, una de las cuales está en el
Prado (Huida a Egipto), pero existen abundantes obras perfectamente atribuibles a su mano por su estilo característico.