La relación entre Pinturicchio y
Perugino se pone de manifiesto muy pronto, pudiendo trabajar ambos en el taller de
Verrocchio. Será Pinturicchio ayudante del Perugino en obras tan importantes como la decoración de la Capilla Sixtina. Los papas Inocencio VIII y Alejandro VI confiaron en Pinturicchio para que trabajara en sus encargos, labrándose un brillante futuro, con obras en Roma, Perugia, Spoleto y Orvieto. Su arte destaca por el seguro dibujo, el vivo colorido y el genial efecto decorativista que imprime a sus escenas. Instalado definitivamente en Siena desde 1506, colaboró con
Rafael en algunos trabajos.